dedicatoria
Exactamente igual que el movimiento de telecentros, la creación de este libro es el resultado de un esfuerzo colectivo. Desde el propio inicio invitamos a otros a entrar en el proceso, pidiéndoles que aportaran ideas sobre los proyectos de telecentros más interesantes del mundo. De ahí en adelante, hablamos con decenas de personas en cada uno de los países que visitamos, todas comprometidas con los valores del movimiento de telecentros. En definitiva, este libro ha sido elaborado a partir de palabras, imágenes, ideas y pasiones compartidas generosamente con nosotros por una enorme cantidad de personas. La lista es tan larga que sería imposible retener todos los nombres, aunque hicimos el intento en las páginas finales de nuestro libro. Dedicamos este libro a estas personas y a los miles como ellas del movimiento de telecentros en todo el mundo.
telecentro
Un telecentro es un lugar de encuentro de la comunidad donde las personas tienen acceso a computadores, Internet, teléfonos, fotocopiadoras y otras tecnologías que les ayudan a recoger información y a comunicarse con otros. Si bien cada telecentro es diferente, su enfoque común consiste en usar la tecnología para apoyar al desarrollo comunitario y social mediante la reducción del aislamiento, una mayor atención sobre los temas de salud y la creación de oportunidades económicas, incluyendo a los jóvenes. Hay telecentros en casi todos los países del planeta, aunque a veces son conocidos por otros nombres (p. ej.: centros de conocimiento de la villa, centros tecnológicos comunitarios).
Definición de “telecentro” en la Wikipedia
http://en.wikipedia.org/wiki/Telecentre
17 de agosto de 2005, 8:17 am GMT
el telecentro ha evolucionado
La idea del telecentro comenzó con un objetivo modesto: proporcionar a las personas acceso público a la tecnología. Un teléfono, una fotocopiadora, un computador, Internet.
Pero los telecentros han evolucionado. Ya no se trata sólo del acceso, los telecentros se han convertido en lugares de encuentro que usan la tecnología con el fin de apoyar los esfuerzos de las personas para mejorar la calidad de sus vidas y para fortalecer a sus comunidades.
Sin importar cómo se les llame —telecentros, centros multimedios comunitarios, telecabañas, centros de conocimiento de la villa o poblado, centros tecnológicos comunitarios, telechozas, centros de aprendizaje de Internet, puntos de acceso de la comunidad, laboratorios de computación de la biblioteca y así por delante—, todos ellos comparten un compromiso común : ayudar a las comunidades a ingresar en la era de la información e incorporarse a la economía del conocimiento en sus propios términos.
Este es hoy el movimiento de telecentros.
fortaleciendo a las comunidades |
conectando a poblaciones aisladas |
aprendizaje para todos |
Con sólo 300 habitantes, la villa Húngara de Alsómocsolád no acepta ser dejada atrás en la lucha por los escasos recursos gubernamentales. Para superar esto, los lugareños se han hecho cargo de los servicios de correo y de otros programas del gobierno a través de su telecentro local. |
En el campo chileno, el poblado de Puerto Saavedra superó las limitaciones de acceso al cuidado médico y la educación de calidad. Hoy en día, el telecentro local brinda a los vecinos un acceso global a lo mejor en ambos aspectos. |
En Laos, donde el índice de alfabetización es inferior al 70 por ciento, los estudiantes del pueblo de Savannakhet usan el telecentro ubicado en su escuela para mejorar habilidades fundamentales, inclusive cuando los maestros y los expertos locales no se encuentran disponibles. |
liberando nuevas voces |
mejorando las oportunidades econÓmicas |
abrazando el poder de las redes |
Lowell, en Massachusetts, está localizado en el extremo opuesto del mundo para el Sudeste Asiático, pero recientes emigrados de esta zona en Estados Unidos pueden producir ahora sus propios videos bilingües y crear medios de comunicación locales enriquecedores para sus comunidades. |
En el centro de Accra, en Ghana, un “cibercafé social” actúa como una pequeña incubadora de negocios que supera la inadecuada infraestructura local y ayuda a convertir en realidad los sueños de emprendedores de todas las edades. |
En India, gobiernos, empresarios y comunidades están utilizando las redes y la cooperación para alcanzar un objetivo difícil de imaginar: instalar centros locales de conocimiento en los 600.000 centros poblados del país. |
el telecentro es muchas cosas
Cuando los telecentros comenzaron a aparecer en Europa y Norteamérica, a mediados de la década de 1980, los computadores personales eran muy caros y casi nadie había oído hablar de Internet. La posibilidad de compartir el acceso a computadores, fotocopiadoras y faxes, así como al correo electrónico, ayudó a las personas —especialmente aquellas residentes en comunidades rurales— a aprender cómo estas nuevas tecnologías podían beneficiarlas. Los telecentros ofrecieron un lugar de encuentro y un trampolín que ayudó a las comunidades a entrar en la era de la información y a generar conocimiento para ellas mismas.
Desde que estos primeros telecentros abrieron sus puertas, la idea de compartir herramientas tecnológicas ha evolucionado en forma radical. En los últimos 20 años, gobiernos, organizaciones comunitarias, empresarios privados y activistas tecnológicos de los movimientos populares han puesto en marcha programas de computación de acceso público en prácticamente cada país del planeta, dando nacimiento a decenas —si no son centenas— de miles de telecentros.
No existe un modelo único para crear un telecentro. Son tan diversos como las comunidades a las que sirven. Algunos líderes tecnológicos comunitarios han creado instituciones autónomas sin fines de lucro. Otros han integrado el acceso comunitario a los computadores e Internet en establecimientos públicos, tales como escuelas, bibliotecas, locales municipales y otros serviciossociales. Inclusive otros han alentado y dado apoyo a pequeños empresarios sociales para instalar kioscos de computación propios en zonas rurales.
De la misma manera, las formas cómo el público utiliza los telecentros varía de un lugar a otro. Pueden estar ayudando a los integrantes de la comunidad a aprender y desarrollar habilidades o creando contenido local y documentando el conocimiento local o apoyando al desarrollo económico, prestando servicios bancarios y de micro crédito, o proporcionando acceso a médicos y a otros profesionales distantes... La lista es prácticamente interminable.
El número de tecnologías disponibles en los telecentros —y las formas cómo son utilizadas— ha evolucionado también a través de los años. Los computadores están interconectados con tecnologías viejas (carteleras de anuncios, radios amateurs, faxes, altavoces comunitarios) y nuevas (Internet de banda ancha, centro de producción de video, trasmisores de radio de baja potencia). Ya sean tecnologías nuevas o viejas, las comunidades pueden adaptarlas y mezclarlas en una combinación de servicios que se ajuste a sus necesidades.
En medio de toda esta diversidad, una cosa se mantiene igual: los telecentros exitosos ayudan a la comunidades a apoderarse del conocimiento y de los beneficios de la era de la información en sus propios términos.
Esta es la razón por la cual los telecentros están en todos lados. Por esto es verdaderamente un movimiento, en lugar de una colección fragmentada de iniciativas tecnológicas públicas distribuidas por el mundo. Pueden tener nombres diferentes, métodos diferentes y públicos diferentes, pero sus valores compartidos los hacen parte de un movimiento internacional que coloca las tecnologías al servicio del desarrollo local.
Como suele ocurrir con cualquier clase de emprendimiento, el movimiento de telecentros ha tenido su cuota de fracasos y depresiones. Centros individuales han cerrado por una variedad de razones: altos costos y limitados recursos, falta de interés dentro de la comunidad, dificultades para encontrar y mantener personal capacitado. Incluso iniciativas enteras de telecentros han desaparecido en la medida que gobiernos y otros tipos de donantes suspenden los fondos, dejando a cientos o inclusive a miles de centros preguntándose cómo —y si— podrán mantener sus puertas abiertas.
Pero la urgencia de las comunidades por apropiarse de los beneficios de las tecnologías de la información y la comunicación es tan fuerte que lo que inicialmente parece fracaso a menudo se convierte en un nuevo tipo de éxito.
En muchos países, el fin de programas gubernamentales no ha impedido que las comunidades mantengan sus telecentros locales andando. Funcionan dentro de programas regulares de servicios sociales, se convierten en empresas sociales o continúan con el impulso del voluntariado. Inclusive cuando los telecentros dejan de funcionar, la introducción de la tecnología sigue repercutiendo dentro de las comunidades en la forma de nuevos trabajos, nuevos negocios y nuevas ideas.
A su vez, países más nuevos en el movimiento de telecentros están buscando modelos innovadores que combinen los mejores ingredientes de los primeros telecentros con nuevos aportes dirigidos a aumentar las probabilidades de éxito y la sustentabilidad a largo plazo. Por ejemplo, un puñado de organizaciones de “kioscos de información” en India están abriendo nuevos caminos. Se están concentrando tanto en la empresa local —cada kiosco es de propiedad privada— como en servicios comunitarios importantes, tales como atención de la salud, servicios financieros y gubernamentales, educación y alfabetización.
Son esta resiliencia y espíritu innovador lo que ha ayudado al telecentro a crecer desde una pequeña idea hasta un movimiento global.
Este libro ofrece una mirada rápida en las vidas de una pequeña parte de las personas que están liderando el movimiento de telecentros en sus países y de aquellos que se están beneficiando con sus telecentros locales. Entender sus historias nos ayudará a comprender su pasión —y a tener una imagen de un futuro en donde la tecnología sea conducida por las necesidades de las personas y de las comunidades en donde viven.
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