Las comunidades rurales aisladas carecen a menudo de servicios y oportunidades que las poblaciones de las ciudades dan por garantidos. Los hospitales, bibliotecas, bancos y organismos del gobierno pueden estar a decenas —o incluso centenas— de kilómetros de distancia. El acceso a trabajos, oportunidades de aprendizaje e inclusive a informaciones básicas es con frecuencia limitado.
En forma creciente, los telecentros están suministrando una oportunidad para entrar en contacto con estos servicios sin siquiera salir de la villa o poblado.
Servicios financieros, de biblioteca y gubernamentales están ahora disponibles a través de los telecentros en muchos países y su número está aumentando. Incluso en lugares con economías más informales o marginales, están surgiendo servicios de microcrédito y atm rurales. Los avances en video de banda ancha y telemedicina están permitiendo a los lugareños entrar en contacto con los médicos a distancia.
La oferta de servicios vitales a través de los telecentros significa menos pérdida de tiempo en viajes y una mejora radical del acceso para los habitantes de zonas rurales, inclusive cuando no pueden costear sus propios computadores y la conexión a internet.
Los telecentros pueden proveer también una mayor comunicación humana con el mundo exterior —vínculos con familiares que se han mudado a la ciudad o andan por el mundo. En las pequeñas comunidades de cualquier lugar, las personas a menudo deben salir en busca del trabajo y la educación. Mantenerse en contacto con los familiares en la villa de origen —y enviarles dinero— ha sido siempre un problema difícil y costoso. Los telecentros hacen este tipo de conexiones mucho más fáciles suministrando todo, desde el simple correo electrónico hasta servicios de remesas financieras de bajo costo.
Sin duda, no es el computador en el telecentro el que ofrece tantos beneficios para las comunidades aisladas. Más bien, son las conexiones humanas que hace posible el telecentro y el hecho de estar vinculado en red con el mundo entero.
“A mi edad, esto es como aprender otra vez a deletrear, es como aprender todo de nuevo”, dice orgullosa margarita neuculen. Margarita es una machi (sanadora y sacerdotisa) mapuche y, durante los dos últimos años, una entusiasta cliente del telecentro en puerto saavedra, chile.
araucanÍa, chile: aislada, pero nunca sola
Cuando visita el telecentro para revisar su correo electrónico y ayudar a sus hijos con las tareas escolares, la recibe la bibliotecaria Eugenia Vivanco, directora del telecentro. Toman su té y conversan alrededor de la estufa a leña que da calor al telecentro. Así sea el viaje a pie, en ómnibus o en carreta, la reunión siempre es alegre. En una comunidad tan aislada como puerto saavedra, son reuniones de este tipo las que mantienen unida a la comunidad.
Puerto Saavedra es un poblado de 3.000 habitantes, agricultores, pescadores y artesanos en su mayoría. Está situado a mil kilómetros de Santiago, en la región más pobre de la Araucanía. La zona es habitada por una gran cantidad de familias mapuche, una de las etnias indígenas del sur de Chile.
En 1960, la zona fue devastada por un terremoto y una tsunami, con un saldo de muchas muertes, que cambiaron al poblado para siempre. Los desastres son particularmente crueles aquí, el hospital más cercano está a 200 kilómetros de distancia, al igual que la mayoría de los oficinas del gobierno de la región. Aún hoy es posible divisar la torre de la iglesia sumergida frente a la costa y a unos pocos árboles por encima del agua. Cuando la tsunami golpeó el sudeste de Asia, en diciembre de 2004, los lugareños fueron al telecentro y observaron su despliegue con gran consternación: el mismo monstruo había vuelto a atacar en otra parte del mundo.
El telecentro de Puerto Saavedra es uno de los 32 puestos en funcionamiento por la Red de Información Comunitaria de La Araucanía de Chile. Promovida desde 1997 por la Universidad de la Frontera, de Temuco, bajo la dirección de Rodrigo Garrido y Manuel Morales, la red es un proyecto de tecnología comunitaria pionero en Chile. Suministra equipos y conectividad, ofrece capacitación, provee recursos y apoya a los gestores de los telecentros locales, ayudando a comunicar a la Araucanía con el resto del país.
Manuel y Rodrigo viajan por los lluviosos caminos de la Araucanía visitando cada telecentro. A pesar de estar cansados y empapados al cabo de varias horas de viaje, conversan largamente con el equipo, que los recibe con mucho afecto. “Gracias a ellos somos lo que somos”, proclama Eugenia.
Las cosas no son siempre fáciles, pero el equipo nunca para de soñar. Hubieran querido poner en marcha un sistema satelital para ayudar a los pescadores a localizar los cardúmenes de peces, así como un proyecto de telemedicina para que los lugareños pudieran ver a sus familiares en el hospital. Planean producir contenido en línea en lengua mapuche para que la tecnología sirva mejor a las necesidades de su cultura.
El primer equipo del telecentro de Puerto Saavedra no fue un computador: sólo una fotocopiadora en la biblioteca. Con el tiempo vino el primer computador y rápidamente el telecentro comenzó a bullir de actividad. Eugenia se las arregló para atraer una comunidad que al principio era renuente. “Decidimos capacitar primero a los lonkos, jefes comunitarios mapuche, porque ellos propagarían el interés. El resto perdería sus temores y entonces vendría hacia nosotros”.
El poblado está agradecido por su trabajo. “Nos cuida realmente muy bien”, dice María del Carmen Nahuel. “Nunca discriminó a nadie, fuera o no mapuche… Y eso es lo que queremos, porque no queremos que allí haya diferencias”.
Para los lugareños, adoptar la nueva tecnología no fue fácil. Acostumbrados a trabajar en el campo, manejando el arado y la pala, esta máquina de plástico, metal y vidrio les resultaba desmoralizante. “Pensé que había dañado el teclado, que mis manos eran demasiado pesadas debido al trabajo en el telar”, dice la artesana Ester Llancaleo.
La profesora Rosa Porma Millavil está recién comenzando a aprender cómo usar los computadores. “Yo quería aprender, pero tenía miedo de romper algo”, dice riéndose. “La primera vez que toqué la máquina estaba transpirando. Terminé chorreando empapada, de tan nerviosa que estaba. Mi cerebro, mis músculos, me dolían tanto que estaba agarrotada y me tuve que ir a acostar”.
Pero la voluntad de aprender es enorme. Y Eugenia Vivanco los alienta, como explica Rosa. “Ella dice que soy una buena estudiante, porque me río. Si hago un error me río, no me pongo de mal humor, no me da vergüenza”.
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“Paso de las ollas de la cocina a la poesía en Internet”, explica la poetiza Doña Berta. Pasa su tiempo en el telecentro local escribiendo poesía, luego de haber terminado sus diversas labores domésticas. Sus sentimientos son como los de muchas mujeres chilenas y mapuche, que han encontrado en el telecentro una ventana para el crecimiento personal.
La mayoría de los usuarios de los telecentros locales son mujeres. Orgullosas de su cultura, se la trasmiten a sus niños hablando en mapundungun. Celebran sus ceremonias religiosas y trabajan en sus artesanías tradicionales, pero están decididas a no vivir en el pasado. Hay muchas cosas para ganar a través de la comunicación con el resto del mundo.
“La cultura no se pierde con el computador”, agrega Margarita Neuculen. “No se pierde con la electricidad o con la televisión. Porque uno lleva la cultura en su interior. Estoy orgullosa de ser mapuche. Aún así, quiero seguir aprendiendo cómo usar el computador y comunicarme con el mundo, pero no por esto voy a dejar de ser mapuche”.
“Las tradiciones se llevan adentro”, concluye. “Se llevan en tu piuque, en tu corazón”.
n-logue: llevando la telemedicina a las villas rurales de la india, un kiosco por vez
En la villa de Thirukalakodi, al sur de la India, la joven Bhartisala, con 21 años de edad, se ha convertido en la cuerda de salvamento médico para la comunidad local. Situada en un rincón distante del estado de Tamil Nadu, la villa no cuenta con médico ni hospital y es difícil realizar un viaje largo por los caminos locales. Gracias al kiosco de Internet de Bhartisala y su nuevo servicio de telemedicina, la distancia entre los pacientes y la realización de un diagnóstico médico adecuado se ha reducido drásticamente.
El kiosco de Bbhartisala está afiliado a n-Logue communications, una de las empresas de tecnología rural más exitosas del sur de asia. Usando tecnología inalámbrica fija, n-Logue ha instalado kioscos de internet en más de 2.000 villas de la India, en sociedad con empresarios locales.
Bhartisala es una de las primeras operadoras de telecentros de la red n-Logue que participa en un programa revolucionario de telemedicina. Junto con varios operadores de Tamil Nadu instalaron la tecnología remedi, una herramienta que mide la presión sanguínea, el ritmo del corazón y otras funciones vitales de un paciente y las trasmite por Internet. Diariamente, un médico en la ciudad de Thiruppatur atiende en línea a los clientes de Bhartisala y recoge importante información de salud a través del dispositivo remedi. Unos cinco pobladores por día van al kiosco de Bhartisala sólo para estas consultas médicas.
Cuando se encuentre instalado a escala nacional, este sistema ayudará a las poblaciones rurales a contar con acceso instantáneo a los médicos, inclusive si se encuentran a docenas de kilómetros de la clínica más cercana. “El próximo desafío clave es tener organizada la entrega de medicamentos en la villa”, acota P. G. Ponappa, director ejecutivo de n-Logue.
CUANDO SE ENCUENTRE INSTALADO A ESCALA NACIONAL, ESTE SISTEMA AYUDARÁ A LAS POBLACIONES RURALES A CONTAR CON ACCESO INSTANTÁNEO A LOS MÉDICOS, INCLUSIVE SI SE ENCUENTRAN A DOCENAS DE KILÓMETROS DE LA CLÍNICA MÁS CERCANA.
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