Los mejores telecentros son lugares de reunión locales —lugares en donde las personas se reúnen para conversar, contarse historias y compartir conocimiento. Por cierto, también van para usar los computadores e internet, pero son las charlas y las historias las que aglutinan a la comunidad y las que definen el tono de cómo es utilizada la tecnología.
Ejemplos en todo el mundo muestran que los telecentros fortalecen a las comunidades de mil maneras: brindando una plataforma para el compromiso cívico; generando lazos por encima de divisiones sociales y económicas; prestando servicios a la comunidad; trayendo a los jóvenes de vuelta a la vida comunitaria y ofreciéndoles nuevas oportunidades; documentando la historia de la comunidad.
La cuestión inspiradora en todo esto es que la mayoría de las comunidades no acepta la tecnología simplemente como se la entregan. Más bien, adaptan las herramientas a sus propias necesidades locales. Utilizan los computadores e internet de maneras que nunca fueron imaginadas por sus inventores.
A medida que se desarrolla esta innovación desde las bases, las comunidades se vuelven más fuertes, más conectadas entre sí. Comienzan a hablar sobre las necesidades para mejorar la calidad de vida local y experimentan para ver lo que funciona. Trabajan, juegan y aprenden juntos a medida que dan vida a sus telecentros, llegando al final a algo útil y duradero — incluso si no tiene mucho que ver con lo que imaginaron al comienzo.
Como dijo una vez un líder tecnológico comunitario en Chile: “los telecentros se ocupan de la generación de capital social”. Observando las experiencias en todo el mundo, el deseo de construir ese capital social es algo que la mayoría de los telecentros tiene en común.
“Cuando terminé la universidad, pensé en volver. Me gusta mucho vivir en la villa —aquí están mis raíces”, dice Horváth Zsófia, un estudiante de 17 años de edad perteneciente a la pequeña villa úngara de alsómocsolád.
HUNGRÍA: EL ALMA DE LA VILLA
La villa de zsófia es como otras incontables villas de Hungría. Rural y aislada, alsómocsolád ha enfrentado muchos desafíos desde la caída del comunismo. Con recursos limitados y poblaciones pequeñas, es difícil para las villas competir con la fascinación de las grandes ciudades. La situación se agrava porque las villas húngaras no tienen tradición de autogobierno y cerca de la mitad carecen de servicios gubernamentales propios.
Pero la transición del comunismo al capitalismo también ha traído oportunidades. Desde 1994, hungría inició un experimento nacional para instalar telecentros, llamados aquí telecabañas, en todo el país, particularmente en las villas rurales. Con más de 500 telecabañas y miles más previstas, hungría está demostrando cómo los telecentros pueden servir de catalizador en el fortalecimiento de las comunidades.
Hungría es una nación de villas, más de 3.000 en total. Históricamente agrícolas y autosuficientes, estas villas están experimentando transformaciones. Tareas de labranza tradicionales, que antes requerían muchos trabajadores no calificados, ahora están siendo automatizadas. Los lugareños preparados se están mudando hacia las ciudades mayores. A pesar de estos cambios, en las villas húngaras se puede sentir una pasión, es una pasión por la prosperidad y la autosuficiencia, mientras conservan una calidad de vida que simplemente no puede ser encontrada en lugares como Budapest. Y están adoptando los telecentros como una herramienta para alcanzar esto.
Buena parte del mérito corresponde a Gáspár Mátyás, de la Unión Europea de Asociaciones de Telecabañas, un activista comunitario llamado a menudo ‘el padre del movimiento de telecabañas de Hungría’. Enérgico, con más que una semblanza pasajera con Albert Einstein en edad madura, Gáspár ha hecho crecer el movimiento desde una simple telecabaña en la villa de Csakbereny hasta un programa que está llevando el movimiento de telecentros a todas las comunidades del país.
“Nuestro objetivo general es tener un telecentro en cada pequeña comunidad, no sólo en cada villa, sino a nivel del barrio”, explica Gáspár. “La meta del gobierno para fines de 2006 es tener 3.500 puntos de acceso en todo el país”.
Aquí en Hungría, los lugareños se refieren al telecentro como telehaz (telecasa) o telekucko (telecabaña). Generalmente, una telehaz es más grande que un telekucko. En húngaro, la palabra tele también significa “totalidad” o “completo”, lo cual ilustra la naturaleza holística de las telecabañas húngaras. Más que un lugar para revisar el correo electrónico, son el centro cívico, social y cultural de la comunidad —sitios llenos de vida en donde los vecinos resuelven cosas.
La villa de Alsómocsolád fue uno de los primeros asentamientos húngaros en donde se abrió una telecabaña. La telecabaña se aloja en un hermoso edificio de madera que también sirve de sede a la alcaldía y al centro comunitario. Con sólo 300 habitantes, Alsómocsolád carecía de varios servicios gubernamentales, incluyendo el correo. La telecabaña hizo un contrato con el sistema nacional de correos para prestar el servicio a la comunidad. Por medio de esta asociación, la población tuvo acceso a los servicios postales y la telecabaña consiguió el financiamiento para sustentar otros servicios, tales como la formación tecnológica de jóvenes o la asistencia a pequeños negocios.
Una clave del éxito húngaro ha sido tratar a las telecabañas como una red de instituciones comunitarias y, al mismo tiempo, como un movimiento nacional. Por separado, las telecabañas enfrentan dificultades para ofrecer determinados servicios o para autosustentarse. Por eso han comenzado a utilizar un portal nacional, ITmentor.hu, para compartir herramientas y recursos a partir de una infraestructura común. Incluso se asocian entre sí para lanzar nuevos servicios comunitarios que una telecabaña en forma individual no podría ofrecer, por carecer de los recursos necesarios.
“Una de las cosas más importantes en el movimiento de telecabañas es que una telecabaña no se puede sustentar por sí sola”, señala Gáspár. “La característica principal es que son parte de una red”.
Otras villas, como Kajdacs, se han beneficiado enormemente de esta red en crecimiento. Ubicada en una fértil región de viñedos, Kajdacs y varias villas de los alrededores han abierto telecabañas. Utilizan las capacidades de cada una para proporcionar servicios públicos, capacitar el personal y obtener fondos. Kajdacs y la villa vecina de Györköny ofrecerán en breve asesoramiento de empleo a través de videoconferencias, gracias a un nuevo contrato con el gobierno regional. Por primera vez, los lugareños no tendrán que viajar grandes distancias para poder aprovechar servicios que antes eran accesibles únicamente en la capital de la provincia.
“Para la vida de la comunidad, es muy importante que la telecabaña sea muy abierta y de cabida a todo tipo de programas, con independencia de cuántas personas participan —incluyendo actividades que no estén centradas en la tecnología”, dice el director de telecabaña Boda János. “De esta manera, toda la comunidad sentirá la telecabaña como algo que le pertenece. Si es apenas un lugar para utilizar los computadores, no lo verán así”.
Para villas como Kajdacs, Alsómocsolád y cientos de otras distribuidas en toda Hungría, el telecentro local se ha convertido en la institución comunitaria en torno a la cual giran todas las actividades cívicas, económicas y culturales. Está cumpliendo el papel de piedra base en la construcción de una infraestructura completamente nueva para proveer los servicios que darán sustento a una comunidad saludable y prospera.
“Creemos que el telecentro es el alma de la villa”, concluye Boda. “De tal forma que a medida que la villa evoluciona, el telecentro evoluciona con ella”.
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“Nuestro objetivo general es tener un telecentro en cada pequeña comunidad, no sólo en cada villa, sino a nivel del barrio”, explica gáspár. “La meta del gobierno para fines de 2006 es tener 3.500 puntos de acceso en todo el país”.
sÃo paulo, brasil: una puerta abierta para el desarrollo comunitario
“Desde que se abrió el telecentro, no ando más en la calle”, dice luiz carlos dos santos, un joven de 13 años de edad que vive en una de las regiones más violentas de são paulo —una favela llamada heliópolis. “No teníamos un lugar de esparcimiento, diversión, ni para jugar y encontrarnos con amigos aquí en la comunidad”.
“ahora tenemos el telecentro”, agrega. “Voy allí todos los días a reunirme con mis amigos y aprender cosas nuevas. No paso más el rato en la calle”.
instalados principalmente en comunidades pobres plagadas por la violencia, los 128 telecentros atendidos por la alcaldía de são paulo representan una puerta abierta para el desarrollo comunitario y un lugar seguro en donde las personas pueden reunirse, aprender juntas y obtener acceso a los servicios del gobierno local.
los cursos y actividades culturales ofrecidos en los telecentros son una vía para salir del hastío que lleva a tantos jóvenes a meterse con las drogas. Los telecentros les brindan un sentido de comunidad por primera vez en sus vidas. Para luiz y los otros muchachos que lo frecuentan, los servicios comunitarios del telecentro representan una nueva oportunidad para completar la escuela, encontrar un trabajo y hacer planes para el futuro.
10 Consejos bÁsicos de gÁspÁr mÁtyÁs para un telecentro
1. Mantenga su puerta siempre abierta para todos.
2. Sea el alma informativa de la comunidad.
3. Tenga una presencia visible en la red.
4. Recuerde que la tecnología es sólo un medio para llegar a un fin.
5. Preste un servicio para toda la comunidad.
6. Determine sus servicios de acuerdo con las necesidades locales.
7. Brinde ayuda personalizada a los clientes y visitantes.
8. Haga que los lugareños se sientan en su local como si estuvieran en casa.
9. Constituya asociaciones con otros servidores locales.
10. Deje que la comunidad sea su juez.
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